Ciudad de México, junio de 2026.— "La mayoría de las empresas no necesita
construir capacidades internacionales; necesita acceso a ellas", afirmó César
Camacho, director de Operaciones de AlsoThere. Para el directivo, la expansión hacia
otros mercados está dejando de ser un proyecto de infraestructura para convertirse en
un servicio contratable bajo demanda.
En entrevista, explicó que las reglas del crecimiento empresarial están cambiando, en
particular para compañías de software, consultoría, recursos humanos, servicios
profesionales y agencias creativas, negocios que pueden vender globalmente desde el
primer día gracias a Internet, pero que siguen enfrentando obstáculos para cobrar,
facturar, contratar talento o cumplir requisitos regulatorios en cada país, tareas que
continúan exigiendo tiempo, capital y experiencia local en cada mercado.
"Hoy una empresa puede conseguir clientes en otro país en cuestión de semanas, pero
puede tardar meses en construir la estructura necesaria para atenderlos. En muchos
casos, el costo más alto de la expansión no es abrir una operación; es el tiempo que la
empresa permanece fuera de un mercado donde ya existe demanda para sus
servicios", señaló Camacho.
La lógica replica lo que vivió la industria tecnológica hace dos décadas, cuando las
organizaciones debían comprar servidores y administrar centros de datos propios para
operar, y al pasar esa infraestructura a contratarse como servicio, dejaron de invertir en
construirla. Camacho sostiene que la infraestructura corporativa para operar en el
extranjero, desde entidades legales y capacidades administrativas hasta esquemas de
cobro y facturación local, está entrando en la misma transición.
Bajo esa lógica, una empresa puede validar una oportunidad comercial en otro país sin
abrir oficinas ni constituir entidades legales antes de tener clientes. "El error más
costoso de la expansión internacional suele ser invertir en capacidades antes de
comprobar que existe mercado. Lo importante es validar oportunidades, conseguir
clientes y generar ingresos, y la infraestructura debe facilitar ese proceso, no
retrasarlo", afirmó Camacho.
El directivo observa que este modelo está siendo adoptado primero por organizaciones
que privilegian la velocidad sobre la propiedad de la infraestructura. "Durante décadas
se asumió que para crecer había que construir primero y vender después, pero hoy
vemos cada vez más empresas invirtiendo ese orden, validando primero la oportunidad
y decidiendo después qué capacidades necesitan desarrollar", explicó.
Camacho anticipa que el fenómeno apenas comienza y lo ilustra con la misma
transformación que ya transitó la industria tecnológica. "Las empresas aprendieron que
no necesitaban ser propietarias de todos los servidores para crecer, y ahora están
descubriendo que tampoco necesitan construir toda la infraestructura corporativa para
operar en otros mercados. La ventaja competitiva ya no está en quién construye más
capacidad, sino en quién accede a ella primero", concluyó.